En aquella Margarita de ayer, las mujeres después de cumplir con la rutina de entregarse al fogón durante todo el día, esperaban la caída de lo fresco de la tarde para con toda la familia, arrellanarse en las calzadas de las casas. Era un momento muy familiar que terminaba, con el «arrellanamiento», cuando la noche dejaba caer su manto oscuro y la luces de las viejas plantas eléctricas que prestaban el servicio eléctrico en los pueblos, terminaban también su faena.
La familia volvía al interior de la casa para descansar hasta la madrugada del siguiente día, cuando el humo de los fogones comenzaba a salir con aquel olor a café con papelón. Este arrellanarse en las calzadas de las casas a veces o la mayoría de las veces tenía en el ture un elemento principal.
Esta era una expresión muy usada en la Margarita de ayer. Ejemplo: Juana la de Valentín y Amaranta la Ñotin por las tardes solían arrellanarse en las calzadas de sus casitas.
El Diccionario de la lengua española concibe está palabra de la siguiente manera: «Ensancharse y extenderse en el asiento con toda comodidad». Como se puede ver, esta definición está muy cerca de la que se usaba en nuestros pueblos
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Otilca Radio
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