Se habla margariteño: Maneto

Se habla margariteño: Maneto

En otros tiempos —no tan lejanos como los de María Castaña, que uno nunca supo bien cuándo fueron—, el «maneto» no era una simple condición, sino un saco de cariño que alguien iba llenando a lo largo de su vida. El maneto era ese defecto físico que, con el tiempo y la costumbre, se transformaba en puro afecto.

El arqueo de sus rodillas era como una caja de ahorro de cariño, a la que a veces se le sumaban apodos que le añadían aún más ternura: «Allá viene Chico Maneto», «allá viene el maneto de Chepa». En cada pueblo de Margarita era costumbre tener los suyos: el maneto de Felipa, el de Valentín, el de Juana…

En mi pueblo conocí al gran maneto Armando, un ser especial que se nos fue demasiado temprano. También recuerdo al maneto Luis Fernando, otro hombre excepcional que, a punta de hacer dulces, logró sacar adelante a una familia entera de hombres y mujeres nobles.

El maneto es ese personaje de rodillas curvas pero que, por lo general, lleva el corazón derechito.

Por:

Otilca Radio

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2026-08-25