—Mi comay María, ¿usted cree que este camisón me quedará bien?
—Muéstremelo, mi comaita, sobre todo la parte del medio, y ahí mismito le digo si le sirve.
—Vea, pues, mi comay… ¿Me quedará bien como para comprarlo?
—¡Ay, no, mi comay! Usted tiene ese futriaco como un baúl de lo ancho. Su futriaco es tan grande que va a reventar la tela.
Futriaco (o frutiaco) era la forma coloquial y picaresca de llamar al trasero o fundillo de las personas. Tener un «futriaco grande» era, en el imaginario popular, comparable a la imponente y ancha popa de un balandro.
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