La ciencia detrás del comportamiento de las mascotas ante los sismos

La ciencia detrás del comportamiento de las mascotas ante los sismos

Existe la creencia popular de que los animales domésticos poseen una capacidad casi sobrenatural para adivinar cuándo ocurrirá un movimiento telúrico. Sin embargo, la ciencia médica veterinaria aclara que las mascotas no «predicen» los sismos, sino que poseen una agudeza sensorial muy superior a la humana que les permite sentirlos y procesarlos mucho antes de que las personas se percaten de la sacudida.

El mecanismo físico y sensorial: ¿Por qué lo sienten antes?

De acuerdo con las investigaciones y la práctica clínica de la médico veterinario Dayana Barrios, adscrita al Hospital Veterinario Dr. Daniel Cabello Mariani de la Universidad Central de Venezuela, la aparente anticipación de perros y gatos responde a una sensibilidad extrema frente a variables físicas preliminares.

Los animales son capaces de detectar las denominadas ondas P (primarias), que son las primeras ondas longitudinales que se propagan desde la zona de ruptura de una falla sísmica. Estas ondas viajan a mayor velocidad que las ondas S (secundarias) o las de superficie, las cuales causan el movimiento destructivo que el ojo humano nota. Además de este estímulo mecánico inicial, el organismo de las mascotas capta sutiles cambios electromagnéticos en el ambiente y variaciones bruscas en la presión barométrica segundos antes de que los humanos noten la emergencia.

El «Modo Supervivencia» y la respuesta biológica

Al registrar estas anomalías físicas, el organismo de la mascota interpreta la situación instantáneamente como una amenaza letal. El sistema nervioso simpático toma el control de inmediato y activa la respuesta fisiológica de «lucha o huida». Este estado de emergencia orgánica genera los siguientes efectos:

  • Descarga masiva de adrenalina: Hormona que prepara la musculatura para una reacción inmediata.
  • Aumento del ritmo cardíaco: Incremento de la frecuencia cardíaca para optimizar la oxigenación general.
  • Dilatación de pupilas: Una respuesta ocular destinada a captar el mayor panorama posible para encontrar vías de escape eficaces.

El sismo pasa, el miedo se queda

Para un animal de compañía, la inestabilidad del suelo y el colapso de sus referencias normales constituyen una experiencia profundamente aterradora. Una vez finalizado el movimiento, su cerebro procesa el miedo de forma cognitiva. Si su entorno inmediato no se estabiliza con rapidez, el animal tiende a generalizar la amenaza, asociando sonidos cotidianos y neutros de la casa con el peligro, entrando así en un estado de hipervigilancia constante que altera su bienestar.

¿Cómo saber si está traumatizado?

El impacto emocional de un terremoto puede perdurar durante días o semanas. Como cuidadores, el deber es ayudarlos a recuperar la calma y servir como su lugar seguro. Sin embargo, se debe vigilar la aparición de indicadores de estrés crónico, los cuales se dividen en dos categorías principales:

  1. Señales Conductuales: Aislamiento o rechazo al contacto, llanto excesivo o vocalizaciones persistentes, miedo desmedido a ruidos comunes, apego extremo hacia sus cuidadores y micción o defecación en lugares inapropiados de la vivienda.
  2. Señales Físicas: Falta de apetito (anorexia parcial o total), falta de energía o letargia notable, problemas estomacales derivados del estrés agudo, temblores corporales involuntarios y alopecia psicógena (pérdida de pelo autoinfligida por lamido compulsivo, especialmente común en felinos).

Nota sobre el manejo conductual: Es fundamental destacar que el miedo intenso puede traducirse en conductas defensivas o agresivas involuntarias. Ante un escenario donde el animal se ponga agresivo debido al susto, el cuidador debe mantener la serenidad, evitar castigos o movimientos bruscos, y facilitar que recupere la calma de forma progresiva sin forzar las interacciones físicas.

¿Cuándo se necesita la intervención de un especialista?

El miedo inicial es una respuesta adaptativa normal para la conservación de la vida. No obstante, cuando este patrón deja de ser una respuesta normal y se prolonga en el tiempo, requiere de atención veterinaria profesional especializada. La doctora Dayana Barrios establece tres criterios de alarma claros:

  • 1. Incapacidad de autorregulación: El animal se niega a comer, no concilia el sueño de forma habitual o permanece en un estado de pánico constante pasadas las 48 horas del suceso.
  • 2. Conductas autolesivas: La mascota, debido a la ansiedad generalizada, comienza a morderse las extremidades, lamerse en exceso hasta provocarse llagas o golpearse de forma errática contra las paredes u objetos.
  • 3. Bloqueo total: El animal se niega por completo a moverse de un sitio, responde con una agresividad incontrolable a sus cuidadores habituales o muestra una desconexión total y apatía severa frente a su entorno cotidiano.

Con información de: Facultad de Ciencias Veterinarias – UCV

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