El ritmo insumiso de la memoria: Evio Di Marzo

El ritmo insumiso de la memoria: Evio Di Marzo

«Estudié antropología para entender al hombre, pero encontré en la música la única forma de comunicarme con él». Hay vidas que no se pueden contar en una sola línea porque se resisten a la rigidez de los moldes. La de Evio Di Marzo Migani fue una de ellas. Nacido bajo el sol de Roma, Italia, un 23 de mayo de 1954, el destino quiso que su corazón latiera a un compás estrictamente caribeño. Músico por vocación absoluta, antropólogo por disciplina y eterno buscador espiritual, Evio dejó una huella indeleble en la banda sonora de la Venezuela de los años 80, combinando el rigor de la academia con el calor del barrio.

De los Garajes a la Historia: El Génesis de un Sonido

La historia musical de Evio es también la historia de una complicidad fraterna. A los 11 años ya se batía a duelo con las baquetas en una batería, y apenas dos años después, a los 13, se unió a su hermano Yordano en «Ford Rojo 1954», una banda de rock de garaje donde empezó a foguearse bajo el liderazgo de su hermano mayor.

Sin embargo, el verdadero punto de quiebre llegó a finales de los años 70. Tras la disolución de la primera alineación de la banda, el proyecto mutó en «Sietecueros» (1978). Allí, Evio no solo se encargaba de la batería y los coros, sino que empezó a asomar su faceta como compositor. En ese hervidero de talento coincidió con figuras de la talla de Alberto Slezinger (quien más tarde fundaría Daiquirí), Alberto Borregales, Rafael Figliuolo, Danilo Aponte y José «Totoño» Blanco.

Pero Evio buscaba algo más telúrico, más conectado con la raíz. Fue en las esquinas de Sarría y la parroquia La Candelaria donde su destino musical se selló al conocer al percusionista Orlando Poleo. Entre 1978 y 1979, rodeado de tambores y asfalto, Evio comenzó a gestar el proyecto que lo inmortalizaría en el cancionero popular venezolano: Adrenalina Caribe.

El Sello de un Genio Autodidacta

A diferencia de otros músicos de conservatorio, el talento de Evio era silvestre, guiado por un oído natural prodigioso y una disposición casi mística hacia el ritmo. Aunque se mantuvo independiente en su formación, siempre reconoció a una sola figura como su maestro: el maestro del jazz Gerry Weil. Bajo esa influencia, Adrenalina Caribe mezcló el pop, el rock, la salsa y los ritmos afrocaribeños con una elegancia que revolucionó la radio nacional.

El Antropólogo de la Muerte

Para Evio, la música no era un escape de la realidad, sino una extensión de su estudio sobre el ser humano. En 1980 se graduó como Antropólogo en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Su mente inquieta y su fascinación por los misterios de la existencia lo llevaron a las aulas, ya no como estudiante, sino como docente.

Entre 1988 y 1991, dictó una materia optativa en la Escuela de Sociología de la UCV que reflejaba perfectamente su profundidad filosófica: «Concepto de Muerte y Desarrollo Tecnológico: estudios de Antropología de La Muerte». Mientras en las noches hacía bailar a miles, de día confrontaba a los jóvenes universitarios con las preguntas más densas de la condición humana.

Un Músico para Músicos

Su versatilidad técnica (dominaba tanto la batería como la guitarra de 12 cuerdas) y su voz particular lo convirtieron en un codiciado músico de sesión y colaborador. Prestó su talento para grabaciones de televisión y discos de colegas de la talla de Enrique La Fontaine y Colina, dejando su impronta en la era dorada de la industria discográfica venezolana.

La Búsqueda Espiritual y los Últimos Acordes

A inicios de la década de 1990, la vida de Evio dio un vuelco hacia el misticismo. Tras acercarse al Islam, el músico experimentó una epifanía: descubrió que, en esencia, siempre había sido musulmán. A partir de ese momento, se volcó al estudio y a la observación permanente de su fe, lo que transformó su ritmo de vida y su visión del mundo.

Aunque la vorágine de la fama de los 80 había quedado atrás, la música jamás lo abandonó. En 1999 fundó el Kinteto Zalvaje, una agrupación con la que cantaba esporádicamente, alternando con reencuentros puntuales de su amada Adrenalina Caribe. Para Evio, cantar ya no era un negocio; era una necesidad del alma.

Un Final Trágico, un Legado Inmortal

La noche del 28 de mayo de 2018, la violencia que tantas veces azota a Caracas apagó su voz de manera abrupta y trágica. Evio Di Marzo fue asesinado en las calles de la capital venezolana, dejando al país en un shock profundo y a su hermano Yordano con el eco de una guitarra huérfana.

Hoy, a años de su partida, el reportaje de su vida no se escribe con la tinta de la tragedia, sino con la de su legado. Evio Di Marzo no fue solo el hermano de una estrella, ni un cantante de moda; fue un intelectual del ritmo, un hombre que supo leer el Caribe a través de la ciencia y que nos enseñó que la vida, al igual que la buena música, se vive con adrenalina o no se vive.

Fuente: Benny Armas

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