HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES: LA PESCA DEL CHARCO

Huellas y presencias insulares

Dentro de las faenas del mar en Pampatar se denomina El Charco un lugar para la pesca de fondo que se encuentra entre los marqueros siguientes:
El sector de Sotavento, poniendo la torre de la iglesia de Porlamar por toda la punta del Morro de la misma ciudad.
El sector del medio, asomando la Cuchilla de Gasparico por los cerros de Burro o de La Caranta.
El sector de Barlovento, sacando Punta Gorda por la Punta de La Ballena.

En él se ha llevado a cabo desde hace muchísimo tiempo lo que tradicionalmente se ha llamado “la pesca del Charco”. Se hace con carnada muerta que puede ser sardina u otro pescado.
La profundidad comienza en el sector de Barlovento con 24 brazadas (brazas) y va variando en toda la extensión del pesquero hasta un mínimo de 20 brazas.

El ‘‘traste”, consiste en un cordel de nylon o guaral; una barra de madera o alambre delgada, de poco largo, que termina en una curva pronunciada como una “U” que se llama “ballestilla”; de una plomada, cuyo peso varía de acuerdo a la profundidad y a la fuerza de la corriente, la más pequeña 500 gramos y otras de 750 y 1.000 y de los anzuelos. La cantidad de éstos va de acuerdo a la especie: para anchoa, tres; para curvina y tonquicha, cuatro; para cataco, roncador y otros peces pequeños, seis y basta ocho.

Las especies que se capturan en esta pesca son corvina (curvina dice el pueblo), tonquicha, anchoba, picúa china, cazón chino, cataco, roncador, lambe, canario, guatacare, corocoro y hasta guanapo.
Esta pesca se realizó por mucho tiempo en botes de vela, especialmente en un tipo llamado “orejeta”. Hoy se hace a motor. Su época es durante la Cuaresma, extendiéndose hasta el mes de junio, aunque las especies viven permanentemente en su fondo. Es justo decir que ya hoy no tiene la abundancia de ayer porque la pesca de arrastre asoló el pesquero.

El pescado del Charco daba origen a muchas y variadas tareas en su acondicionamiento. Hasta hace más o menos unos 15 años la mayor parte se salaba y se vendía para los puertos de la Costa de Güiria y de Irapa. También para Cumaná, que era su mejor mercado y poca cantidad a La Guaira y Puerto Cabello. Luego se distribuía al interior de estas zonas. Su valor por arro¬ba variaba de acuerdo a la especie.

Para los años de 1939 al 50 obedecía a esta clasificación:
Anchoba: Bs. 7, 8, 9, 10, 12 y hasta 15 la arroba.
Curvina, picúa y tonquicha: Bs. 6 y hasta 12 la arroba.
Cazón: Bs. 5 hasta 10 la arroba.
Roncador y cataco: Bs. 3 y hasta 6 la arroba.
Canario, guatacare y corocoro: Bs. 2 la arroba.

Si había quien lo compraba. Casi siempre se regalaba o se mandaba como pacotilla para cambiarlo en los puer¬tos por vituallas.

Ya no existe en Pampatar la pesca del Charco. Sólo queda la estampa del recuerdo.

Verni Salazar (Tomado de Bernardo Acosta en ESTAMPAS DE MI PUERTO. Pampatar, 1988).

Síguenos: Instagram y Twitter