HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES ¡Y SE PERDIÓ LA GALLINA!

Crónicas Huellas y presencias insulares

Eran tiempos de la guanábana, o sea, de adecos y copeyanos Todo en la isla era apacible. El que tenía su conuco lo trabajaba y lo cuidaba, el pescador a su bote y la pesca, y las mujeres a sus oficios domésticos.
Diciembre era todo un jolgorio de alegría con sus parrandas y aguinaldos. La gente no escatimaba en el derroche Sin prevenir en el ahorro para los días duros. Y como talón de lavandera, así recibían al año nuevo.
Para los que trabajaban en la administración pública, enero, febrero y marzo eran de penurias y zozobras por la falta de efectivo para comprar los alimentos, ya que las partidas presupuestarias llegaban comenzando el mes de Abril. Eso le sucedió al “Negro de Amalia” que manejaba el transporte del “Juan Bautista” y se las veía negras para llevar el sustento al hogar.

Pero Dios aprieta, pero no ahorca. Cierto día después de desayunar con tela caliente y berenjena frita, “el negro”, repasando una vieja gaceta hípica sentado en la sala, levanta la cabeza por el tropel que trae una gallina que entró volando a la casa. Cual gavilán pollero, “el negro” atenaza con sus manos a la voladora gallina, e inmediatamente le tuerce el pescuezo. Se la lleva a la cocina y le dice a la mujer: ¡vuélvela sancocho! Se viene a la sala, y en ese momento llega la vecina preguntando ¿Negro, no has visto una gallina que voló pa’ acá?
Y haciéndose “el goyo vega” le responde: que cieguen mis ojos si he visto gallina.

La vecina se regresa, y ya en medio de la calle, elevando los brazos al cielo implora:
-Dios misericordioso, hazme el milagro que aquel que se coma la gallina se le atragante un hueso y se ahogue!
Al “Negro” oír esto, salió corriendo a la cocina y le dijo a la mujer:
-Mijaaaa: ¡hazla esmechaita mija, esmechaita!

(Tomado de Edgar Rodríguez “El hijo e’ Laya” –Inédito)

Recopilación: Cronista Verni Salazar (Fundación YoSoyIdentidad).

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