En todos los pueblos siempre han existido los llamados borrachitos quienes se ganan el aprecio de la gente siempre que su comportamiento no sea el de crear problemas ni ofender a las personas. En Porlamar fueron famosos Julio Picón y sus hermanos con su inseparable cuatro; Pin quien improvisaba sus mítines con su ¡urrede viva Jóvito!; el “Tigres” el que inventaba palabras para demostrar lo ilustrado que era; al verte te decía: ¡no seas batrófilo! Si le respondías con algo, te respondía con un: ¡míra esmírnido! ¡No seas abogadamente esmúlido! Y seguía su camino lanzando palabras y frases incoherentes; “Camalacho”, quien se daba el lujo de pelearse hasta con tres hombres, ¡y les ganaba! hasta que perdió una pierna y pasó el resto de su vida con muletas; “Suave”, un afro descendiente- como le dicen ahora a los de piel oscura- oriundo del Estado Sucre, hacía morisquetas volteando los ojos y muecas con la boca; siempre cargaba su tamborcito bajo el brazo.
¿Cómo te llamas? le preguntaba algún carajito.
¿Yo mijo? Suavecito jabón Camay; ay birí birí birí po po, suavecito jabón Camay, ay mamá, al tiempo que tocaba su tambor acompañado al cuatro por “Cucho Full”, otro del grupo. Estos personajes solían sentarse en la esquina de cualquier calle a tomarse su botellita de aguardiente para pasar su día; eso sí, no le faltaban el respeto a nadie y la gente se divertía con sus ocurrencias.
En un día de Diciembre Luis “Topito” Mujica andaba con Enrique Ordaz y el angelito de Gustavo Rojas, el de Concha y Chucho, quienes se habían reunido en casa de doña Valentina de Ordaz, la mamá de Enrique, a tomarse unos tragos; de allí salieron a seguir la rumba y amanecieron en la calle, cosa que hacía Enrique por primera vez en su vida. ¡Qué vaina Topito; amanecimos! decía Enrique incrédulo; la borrachera era de tal magnitud, que la “baba” le salía por la comisura de los labios.
– ¡No importa Iko- dice Topito, algún día tenía que ser; vamos al aeropuerto a ver la llegada del primer vuelo de Aeropostal y después vamos pa’ mi casa que seguro que Carmen Romero (su mamá) nos hace desayuno! Cuando iban llegando a la casa en la calle Libertad, ven que vienen los borrachitos tocando y cantando; se acercan a ellos y Enrique le quita el tambor a Suave al tiempo que le dice:
-Suave, préstame el tambor y dame un palo e ‘ron.
¡Cómo no mijo! ¡Ay biri biri birí popo, suavecito jabón Camay, ay mamá! al tiempo que lo abrazaba como hacía con sus amigos de parranda… Topito terminó tocando las maracas que unos cocheros le habían prestado a Julio Picón; estas eran dos laticas de jugo Yukerí a las cuales le introducían unas piedritas por unos orificios triangulares que le hacían al abrirlas con un destapador de los que regalaba la cervecería Polar y Gustavo se encargaba de servir los tragos. Cuando terminaron de parrandear con los borrachitos callejeros se fueron en busca del desayuno y se encontraron con que la señora Valentina les había mandado unas empanaditas con Sofía, una sobrina que era su asistente tanto en las labores de la casa, como en la tienda. “Toma Sofía, llévale eso a esos pobres muchachos que no habrán comido nada”… ”Alguien le fue con el chisme y así se enteró de dónde estaba su querubín Enrique.
¡Quién lo podía creer! el doctor neurocirujano Enrique Ordaz, el profesor Luis “Topito” Mujica y el ingeniero Gustavo Rojas vivieron la experiencia de compartir parranda callejera con los famosos borrachitos del Porlamar de los finales de los 60. ¿Se atreverán ahorita? ¡Quién quita!
…”borracho no vale, no señor”
Daniel Santos
Tomado del libro: “Ocurrencias de mi gente” de Carlos Mujica “Marunga“
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