Una dilatada, intensa y fructífera carrera artística fue la de María Rodríguez, quien demostró desde niña su talento para el canto y para el baile al son de La Sirena, por lo que se le empezó a conocer con el apelativo de La Sirena de Cumaná.

Ya mujer, para mantener a sus hijos trabajó como personal de mantenimiento en la Universidad de Oriente, donde pudo coronar su vocación y excepcionales dotes artísticas. En ese entonces cantaba en la agrupación del célebre mandolinista Atanasio Rodríguez, El Chiguao.

Gracias a la Dirección de Cultura de la Universidad de Oriente y al entusiasmo y conocimiento de María Rodríguez sobre las comparsas y diversiones orientales, se emprendió la recuperación de esas tradiciones. En la década de los 60, La Voz de Cumaná, como también fue bautizada, se encargó de enseñarle a la comunidad universitaria las coreografías, bailes y letras de “La Pesca”, “La Palometa”, “La Cotorra”, “La Mariposa”, “La Estrella” y “La Sirena”.

María logró recuperar esas comparsas para el Carnaval y las populares fiestas de Santa Rosa, Santa Inés y San Juan. Por eso, en 1994, se le declaró Patrimonio Viviente del estado Sucre, dada su dedicación a las tradiciones de su tierra, a su música y al folklore.

Algunos temas que la consagraron como intérprete fueron: “La oración del tabaco”, “La culebra”, “Río Manzanares”, “La mariposita”, “El pechiche” y “El negro Catanza”. Por su baile y su música representativa del oriente de Venezuela se presentó en escenarios de numerosas ciudades del país y participó en conciertos y festivales internacionales en Jamaica, Cuba, Trinidad, Barbados, Colombia, Estados Unidos, Portugal e Inglaterra.

Su personalidad salerosa, ocurrente y desinhibida, cual talante del pueblo cumanés, le granjeó mayor popularidad. La prensa venezolana reseñó su carácter cordial, jocoso y su extensa trayectoria como genuina expresión del sentir popular oriental y del folklore venezolano.

Además de numerosos premios y condecoraciones, regionales y nacionales, su vida fue inspiradora de la película Entre golpes y boleros, del director John Dickinson. En 2009, con más de 70 años de carrera artística y 85 de edad, declaró, con firmeza y el mismo encanto de siempre, que estaba satisfecha con todo lo que había hecho y con todo lo que le faltaba por hacer. No de otra manera podía expresarse la mujer, la artista, que con su canto y su baile exaltó el gentilicio cumanés.

Fuente: Grandes de la Música Venezolana, Calendario musical 2022

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