Palestra Insular: Efraín Subero y Pampatar

Al hijo de Chucho Subero y Agueda Narváez que llegó a Los Robles a dar clases en la Escuela Rural del pueblo se le soltó el moño literario hasta convertirse en doctor en letras y miembro de la Academia de la Lengua. Dejó en el baúl la metodología de la enseñanza y su pasión por la docencia para dedicarse a las letras en cada momento de su vida.

Efraín el escritor y poeta se instaló en Los Castores y en ese frío mirandino se cansó de escribirle a su pueblo Pampatar a quién le dedicó parte de sus investigaciones y logró inmortalizar ese pueblo de pescadores y de sal.

En su obra “Memorias del Puerto” publicado en 1976 en Ediciones Biblioteca Museo de Pampatar sintetizó de manera magistral en prosa poética al Pueblo de la Sal, sus seres humanos, sus costumbres y tradiciones para hacer conocer a su pueblo en el mundo.

A Pampatar lo eleva hasta la máxima expresión de la valoración humana cuando señala en la introducción de su libro ese regalo que le hizo a MampatareSe trata de un obsequio que hago una vez más al lugar de mi nacencia” y que lo remata con la frase del escritor alemán Hermann Hesse “Si yo fuera árbol todavía allí” para referirse al vínculo umbilical con la tierra. Y es que tanto Hermann Hesse como Efraín Subero estuvieron marcados por la tierra porque el alemán se nacionalizó en Suecia en 1976 y Efraín Subero se instaló en Los Castores para toda su vida.

Lo que no pudo Efraín fue desvincularse de su pueblo Pampatar y desde Los Castores le hizo grandes aportes al Pueblo de la Sal, sus costumbres y personajes. Por eso “Memorias del Puerto” recoge en sus 325 páginas la esencia sociológica de ese pueblo maravilloso que ha parido tanta gente valiosa par consolidarlo como una de los pueblos más pintorescos de Sudamérica.

En uno de los extractos de la obra le dedica a Pampatar con una cita textual de Don Rómulo Gallegos sacada de su obra “Sobre la misma tierra” un mensaje profundo que une al escritor con la tierra que lo vio nacer “En los recuerdos de mi infancia y de la adolescencia, también, las nociones de tiempo y espacio no corresponden nunca a la realidad, siempre son mayores. Un momento de esos años suele venir a la memoria como años enteros”. Sin dudas que ese trío de grandes de la literatura Hesse, Gallegos y Subero están unidos por el vínculo con la tierra que atrapa y hace sentir un amor profundo por la tierra. Por eso insisto que esas conductas rupestres y muy tropicales de la simplicidad pueblerina con excesos protagónicos forman parte de la mediocridad de muchos que ostentan coronas de líderes de cartón y solo terminan como figuras difuminadas de la nada.

En “Memorias del Puerto” Efraín Subero no solo le escribió a su pueblo sino a su gente con elevada valoración a los más valiosos hombres de la mar y no le cantó a los políticos de la época a quienes le dio escasa valoración. Por eso para el pampatarense de la cotidianidad fue escrita una obra que dibujó huella a huela, rastro a rastro ese ser humano con sus manos callosas, con sus marca sen la piel que parecen hendijas de la luna, a su vestimenta, sus costumbres ancestrales como la pesca, la extracción de la sal, el comercio, la música, la agricultura y las tradiciones.

Efraín deja huellas de su apego a la tierra en una cita textual de Sufí (siglo VII) “He tratado de no olvidar mis orígenes”. Y eso trató Efraín de no soltar las amarras de las redes, los dibujos de las atarrayas al caer sobre la arena húmeda de la playa, la cinética de los peces saltando en los botes o en las nasas, pues para el escritor pampatarense su pueblo ocupó un espacio relevante en su plan de vuelo literario.

Pampatar es un nombre que se encuentra por todos los caminos del viento. Puede uno irse hasta más lejos. Puede darle la vuelta a la brújula y alargar una punta cualquiera del rumbo. Puede aprender olvidos. Pero un día de presencias ausentes, se hará un silencio pleno, se hará un solo recuerdo. Y nadie advertirá el raro milagro: un pueblo ocupa, exacto, toda la dimensión de la alegría; o lo contrario, toda la virazón de la amargura”.

Y todo eso es Pampatar”.

Escribir a su pueblo fue la pasión del escritor que con su prosa mágica levantó las costras de la miseria de su gente para dejar huellas profundas del Pampatar de su vida, de su pasión por sus hermanos de raza, de su amor por sus pescadores y sus tradiciones.

Por eso este 16 de octubre cuando Efraín Subero arriba a sus 92 cuando nación en Pampatar un 16 de octubre de 1931, un homenaje a ese egregio escritor, poeta, historiador, cronista y maestro normalista que con su pluma grandiosa inmortalizó a su pueblo Pampatar

En el Farallón reside la grandeza del puerto. Desde el Farallón se mira Pampatar en toda su plenitud”.

Recopilación: Manuel Ávila (Cronista de Nueva Esparta)

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