Cuando contrajeron matrimonio Sergio Díaz y Argélida Madrid, se largaron para Caripe del Guácharo en el estado Monagas y lugar donde se celebraría el acontecimiento, Hernán “Nancho” Rosario; Carlos “Marunga” Mujica; Rodolfo “Yopo” Rojas y su inseparable esposa Lilián Aldana; Américo “Chinchinito” Gómez; Manuel “Cabeza” Cedeño; Alberto León con la que nunca lo suelta, su esposa Cucha; Raúl León y Francisco Castillo, en representación de la pandilla de jodedores que tenía Sergio Luis en Margarita; otros no fueron poniendo como excusa que mareaban en Ferry y carretera o miedo a los aviones; lo cierto es que no fueron por pichirres para gastar en un viaje o en regalos que los novios no usarían. Lo cierto es que pasaron eventos que vale la pena recordar, tomando en cuenta la diferencia que existe entre verlos o contarlos, y escribirlos manteniendo su realismo.
Después de reunirse en el aeropuerto de Maturín con Raúl León y Francisco Castillo, quienes vinieron desde Caracas donde cobraban sin trabajar becados por un ministerio adeco, Nancho, Rodolfo y su costilla y Marunga, planificaban el cumplimiento de algunas encomiendas. Marunga con un carro Chevrolet Nova que le prestó su hermana, se encargó de parte de los manteles, hieleras y vajilla, Rodolfo en su carro Ford Torino, cargaba lo demás; todo esto había sido alquilado en una agencia de festejos que tenía otro margariteño- ¡qué casualidad!- el famoso y conocido por sus travesuras comerciales, Martín “Purula” Herrera, quien por cierto, todavía hoy, después de tanto tiempo, nos debe el vuelto porque el gran carajo no aceptaba cheques
Luego de pasar la noche en un hotel llamado Emperador, no sin antes hacer desastre en la discoteca cuando Rodolfo, haciendo de las suyas, convenció al encargado- un gallego- que él había sido torero; bailó flamenco, inventó pases de torero, habló de los Girón y otros matadores aprovechando que había vivido un tiempo en Maracay y era asiduo a las corridas de toros encombollao con su hermano Chuito Rojas; lo cierto es que por esa bellaquería casi ni pagamos lo que consumimos. Nos largamos bien por la mañana para Caripe paseando de lo más tranquilo por la fama de peligrosa que tenía la vía; pasamos por un caserío llamado La Cruz de la Paloma (¡zape gato!) donde vivía el viejo Rangel, padre de la señora Flérida la mamá de Nancho y por lo tanto, (carajo, bien sabes) su abuelo, quien al ver a los cinco pajarracos con cara de trasnochados con aquella muchacha tan linda, les preguntó:
¡Miren mijito! ¿Y quién es esa muchachita tan linda? ¿Qué le habrán hecho?
Esa es una mujercita que encontramos en un hotel, pasó la noche con nosotros y la llevamos pa’ un matrimonio en Caripe a ver cómo le va– respondió el propio Rodolfo.
¡Ay mija! Dijo Rangel, quién tenía fama de pájaro bravo-¿Y tú te aguantas a estos cinco diablos? ¡Dios te proteja! De toda maneras Hernancito, no me la estropeen mucho y me la dejan aquí de regreso. Y Lilian, riéndose de lo más tranquila.
Entramos a Caripe y nos dirigimos a la puerta de la Cueva del Guácharo porque Francisco y Raúl dijeron que no la conocían y, como carajitos tercos, tuvimos que llevarlos; buscamos el hospedaje que la familia de Sergio había reservado con antelación, dándonos postín sabiendo que el matrimonio era esa misma mañana y a celebrarse en una linda casa a la que se llegaba subiendo una colina muy alta desde donde se apreciaba la ciudad en toda su extensión. Por cierto que mientras subíamos, nos tropezamos en el camino con las familias de los contrayentes quienes venían bajando hacia el pueblo en varios carros. Llegamos al sitio, decorado como es costumbre, globos, bambalinas de diferentes colores, pero la mesas eran tabla viva; es decir, sin manteles, hieleras ni los famosos recuerditos o “centros de mesa” por los que tanto se pelean los miembros de la misma y que para evitar los “¡…yo llegué primero!”, los rifan entre ellos.
Sacamos los corotos y comenzamos a vestir las mesas; alguien preguntó si éramos invitados y respondimos que éramos los mesoneros que había enviado la agencia de festejos desde Maturín; un familiar al parecer de la novia decía:
–Bueno, ¡mucho cuidado con la atención a los invitados! ¡Yo soy el que controla todo aquí, bebidas, comidas, todo está bajo mi supervisión!
–No se preocupe señor- decía Rodolfo- adoptando cara de pendejo, pues con su camisa blanca y un lacito negro (que le había robado al isleño del hotel), se hizo pasar como el jefe de los mesoneros; Nancho, Raúl, Marunga, Lilian y Francisco se esmeraban en acomodar las cosas en las mesas. Estaban en esa tarea cuando llegaron los novios y las familias, presentándose la gran jodedera.
¡Muchachos! ¡Menos mal que ya llegaron! Gritaba Argélida guindada del brazo de Sergio.
¡Cuidao que te lo roban! Se oía entre los gritos de la gente.
¡Qué bolas tienen ustedes! ¡Paseando por todo Caripe con las vainas de las mesas! Decían en alta voz y cagadas de la risa Francelina y las otras hermanas de Sergio. ¡Ya íbamos a alquilar lo mismo en otra parte!
Llegó el momento del acto en la casa; la juez era una joven muy linda y elegante; no le quitábamos la vista de encima de lo buenota que estaba. Después del protocolo oficial, de los “acepto y lo recibo” en alta e inteligible voz de los contrayentes, pregunta la señorita: ¿quién es el padrino? Y responde Manuel “Cabeza” Cedeño: ¡Ese soy yo, el propio! El trabajo de Manuel era vender terminales de lotería en el centro de Porlamar, cuando solo existían las loterías de Caracas y Táchira.
Bien señor Manuel-dice la doctora-. Firme en las líneas 45 y 47. Manuel, quien había amanecido enratonado y no estaba prestando mucha atención pues se había unido al desorden que tenían Marunga, Nancho, Rodolfo y los otros, preguntó:
¿Cómo dijo señorita? Aquí señor, en las líneas 45 y 47. Y pregunta Manuel: ¿de cuánto lo quiere, pa’ Caracas o pa’ Táchira, señorita?
¡Mire señor! ¡Éste es un acto muy serio! ¡Yo no vine para acá a perder el tiempo con usted y sus bromitas pesadas! ¡Por favor, respete! Las risas no se hicieron esperar. Acela “Chela” Díaz, tía de Sergio le dice a la juez como para calmarla: “no le haga caso doctora, lo que pasa es que el señor acá presente tiene como trabajo la venta de terminales de lotería y no puede oír un número porque de inmediato responde así” A lo que la señorita responde: Bueno, si así es el padrino, les deseo muy pero muy buena suerte.
…”ni te cases ni te embarques”
El soltero mayor
Tomado del libro: “Ocurrencias de mi gente” de Carlos Mujica “Marunga“
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