Crónica de Edward Ernández Caraballo: Mi compadre Bracho

Crónicas

Allá por la década de los 70 con Ibrahim Díaz Salazar, mejor conocido en todas partes como “Bracho”, el excelente músico, poeta y compositor sanjuanero, llegamos a conformar un dúo muy temible en el departamento de Ayuda Juvenil, lugar donde trabajábamos, organismo éste, dependiente del Consejo Venezolano del Niño. Señalo temible, porque los menores de edad de aquella época,  sabían que cuando se trataba de andar en comisiones para evitar su presencia en sitios prohibidos para ellos, al avistar la wagoneer que manejaba Carmelo Alfonzo y que catalogaban como una especie de patrulla policial, al ver que en esa unidad estábamos Bracho y yo, los chamos salían despavoridos porque ya estaban enterados que nosotros no andábamos con pendejadas para intervenirlos y  “apresarlos” bien para llevarlos a la sede de nuestras oficinas, para la entrevista de rigor y, luego reintegrarlos a sus hogares, o en algunos casos de mayor gravedad,  al retén de menores del Valle del Espíritu Santo, siendo los de mayor fama, los apodados “Pedro Estrada” y “Cara e’ Niple”.

No podían esos carajitos malas conductas vernos en nuestra wagoneer, porque enseguida, a todo gañote, se pasaban el dato:

-¡Muchachos, mosca que allá viene “La Juvenil” con Edward y Bracho que no andan con güebonadas y, además, corren más rápido que el carajo!

En cierta ocasión fuimos comisionados por nuestro jefe inmediato Antonio Muñoz, que sabía muy bien de nuestra eficiencia como funcionarios o mejor dicho “Agentes de Ayuda Juvenil” que así nos distinguíamos, para fiscalizar el lenocinio denominado “Campo Alegre” que regentaba un negrote güaireño llamado Germán que, además de mariolo, se tornaba buena gente con todo el mundo, menos con los  formadores de vaina que iban al  bar, a echar a perder su negocio. Estando en esos menesteres, repito, para evitar la presencia de menores de edad, apenas entrando, nos sale el negrote Germán y parándose en medio de la pista de baile, dice en voz alta a sus clientes:

-¡Atención señores clientes y, damas de las cinco letras, en estos momentos acaban de llegar a este respetable negocio los más elegantes y encorbatados  Agentes de Ayuda Juvenil del Consejo Venezolano del Niño, ellos son: Edward y Bracho, quienes vienen como de costumbre a fiscalizar para ver si hay menores de edad en este bar, pues yo les digo a tan apreciable dúo de amigos, que aquí yo no permito  carajitos menores de edad pero si quieren, podemos hacer una excepción, pueden llevarme a mí, para que sepan  lo que es bueno!

Y dándonos la espalda y empinando el ney, al tiempo de palmotearse sus nalgas, sentenció: ¿Entendido chicos?

A final de cuentos, yo creo que Bracho se lo llevó para San Juan esa noche y allí compuso aquella magnífica canción titulada “la Condición” cuya letra lo delata:

.Quítate las cholas negro / que no sientan la pisá / pa’ que la gente no sepa / que llego de madrugá…

De nuestras travesuras como Agentes de Ayuda Juvenil, podría destacar anécdotas como:  la gripe asiática, la piñata robada, nuestros momentos en la discoteca “La Catacumba”, los constantes “levantes”, nuestra pasantía musical por el Klan Roskay, las parrandas en La Vecindad, en casa de nuestro recordado señor Pedro Hernández quien nos decía cariñosamente: “Ustedes dos son más pícaros que el carajo y muy sinvergüenzas, no pueden ver un camisón porque enseguida se les pegan”.

Ha pasado tanto tiempo y a pesar que no nos frecuentamos mucho, seguimos siendo amigos y para remate, compadres de sacramento, pues tuve el honor de bautizar a su primera hija, Carmen Cecilia, después vendrían otros retoños, pero lamentablemente, no procreó ninguno con su amantísima y queridísima Baqueta, si no, ya fuese un connotado artista  bellavistero… aunque pensándolo bien,  por el Copey asuntino, también supieron de sus andanzas.

Esta sencilla crónica, ha sido redactada como regalo de cumpleaños para mi compadre Bracho a quien respeto y estimo de verdad, por sus setenta y picote años de edad y quien, según, Pedrito Cuica, se cree que sigue siendo aquél jovencito enamorador que andaba conmigo en la camioneta de “La Juvenil” echando pintas.

Así es la vaina mi compadre Bracho, solo me resta desearte muchos años más de vida y que Dios y la Virgen del Valle  te bendigan, te amparen y te favorezcan y te libre de las malas juntillas, como la de Chago Velásquez, aunque sé muy bien mi querido compadre, que tú, no te compones ni que te trasplanten el corazón del papa Francisco. ¡A ver como no! (100319).

Redacción: Edward Ernández Caraballo (sagitario200902@hotmail.com)