La Buena Ola en el mundo: Los superhéroes cotidianos

Crónicas

Para nadie es un secreto el número cada vez mayor de mis compatriotas en el extranjero. Yo misma vivo fuera de mi país desde hace más de 18 años y si alguien me hubiese dicho en ese momento que hoy día me encontraría con un venezolano en cada esquina, sin importar el lugar donde estuviera, posiblemente me habría parecido bastante exagerado.

Vivo en Montreal, Canadá, desde septiembre del año 2000 y desde ese entonces no he parado de ver como toda mi familia ha venido saliendo de Venezuela, uno por uno. Igualmente, mis amigos más próximos, viejos amigos, vecinos, conocidos, colegas; en fin, solo con mis allegados y gente cercana tendría para escribir un libro, y tal vez algún día lo haga. No son historias tristes ni llenas de fanfarria, sino más bien humanas, inspiradoras.

Entonces, se preguntarán los lectores, si tienes tantos conocidos en esas circunstancias, ¿por qué no escribes sobre ellos? Pues, número uno, porque no sé si a ellos les interesa que cuente sus vivencias. Puedo guardar el anonimato de sus nombres, pero igual no lo sé. Segundo: ¿estará el público interesado en conocer las historias de seres humanos comunes que han dejado su país, solo para poder seguir con sus vidas normales, es decir, trabajar, producir, cuidar a sus familias, respirar, recrearse, aprender, crecer? Tercero: ¿cómo elijo cuál de ellas es más importante en este momento para mí?, porque, obviamente, siempre estamos conectados afectiva y emocionalmente a los temas y personas sobre los que escribimos.

Entonces, ¿sobre quién quiero escribir?

Por vacaciones y otras razones personales, estoy en este momento en Santa Marta, Colombia, y aquí ha sido aún mayor el número de venezolanos que he encontrado en las más diversas circunstancias y condiciones y, seriamente, todos califican para que escriba sobre ellos.

La máxima de mi columna en este portal es escribir sobre venezolanos en el mundo que inspiran a través de sus acciones, producciones, resultados e intenciones. Entonces, ¿es inspirador que Jesús se haya venido con su padrastro a Colombia, a sus escasos 19 años, a vender tostoncitos y cotufas en la playa para ayudar a su mamá y hermanitos? Yo encuentro muy inspirador desapegarse del interés personal para ayudar a quienes amamos. Su intención al dejar el país fue y continúa siendo noble: ayudar a su familia. Y lo está haciendo.

¿Es inspirador que un estudiante de veterinaria y padre de familia haya dejado su carrera a la mitad porque necesitaba alimentar a su familia ya que su trabajo de medio tiempo en Venezuela no le producía para cubrir lo mínimo, y se haya venido a Colombia mientras aprendía el oficio de artesano de manera autodidacta para poder trabajar y producir al llegar? Yo encuentro súper inspirador ser creativo e ingeniarse una nueva vida partiendo de cero, poniéndole ganas y guáramo. (Entre paréntesis: en su caso, artesano autodidacta no significa baja calidad ni mal hecho). Compré dos de sus producciones -pulseras y tobilleras- y él me obsequió una tercera, y aparte de hermosas, son de buena calidad, muy bien hechas. Él ya está con su mujer y su hija en Santa Marta, viviendo y cubriendo sus gastos y los de su familia. Cualidades principales de José Luis: creatividad y generosidad.

¿Será inspirador que Tony se haya venido legalmente a Colombia, con su pasaporte y todos sus papeles en regla, y que en la misma noche que llegó, unos malvivientes lo hayan despojado de todas sus pertenencias en la playa (pasaporte incluido), y que haciendo gala de una resiliencia a toda prueba, se haya quedado durmiendo en esa misma playa durante un mes, mientras se ofrecía como ayudante con el fin de reunir lo suficiente para alquilarse un lugar donde traerse a su hijo y a la madre de su hijo, y así darles un presente mejor? ¡Y lo logró! Hoy, ambos están con él, a tan solo nueve meses de ese percance.

¿Encuentran ustedes inspirador que un jovencito, hijo único, de veinte años, haya agarrado su título de bachiller y haya dicho que, con el fin de no ser una carga para sus padres, prefería irse a otras latitudes a trabajar? (Él también aprendió a hacer artesanía gracias a tutoriales de YouTube, pues es de la “Generación 2.0”). Hoy, gracias a lo que fabrica y vende, envía religiosamente dinero a sus padres para ayudarlos, porque sabe que ellos no se irán del país. ¡Tremendo!

¿Qué les parecen los jóvenes que aprendieron a tejer y a coser billetes (si, papel moneda de curso legal en Venezuela) para con ellos elaborar unos monederos y carteras hermosísimas que venden en el Centro de Santa Marta? Tanto turistas como locales alucinan con la calidad de estas carteras, y no pueden creer que estén hechos de billetes actuales, de curso legal.

Yo encuentro todo esto tremendamente inspirador, y a falta de decisión sobre qué historia era mejor que la otra, decidí hablar un poquito de cada uno de ellos. Es mi pequeña, pequeñísima manera de hacerles un homenaje, aunque ellos tal vez nunca lo sepan. Los admiro, y agradezco el ejemplo de coraje, fe y resiliencia que están dando, no solo a nuestros connacionales, sino a todo aquel que los encuentra y los oye.

Siempre he pensado que  emigrar es reinventarse, y definitivamente sí lo es. También es arriesgarse, redescubrirse, hacerle frente al miedo y a la nostalgia y ponerse un traje de superhéroe para sacar afuera lo mejor de nosotros mismos. Superhéroes, sí, son unos superhéroes, porque levantarse cada día y hacerle frente a sus propios miedos y a todos sus fantasmas para poder salir adelante y ayudar no solo a sus familias, sino a ellos mismos, es un acto heroico. Son héroes porque sin capas ni escudos, sin superpoderes ni trajes especiales, logran, contra todas las adversidades, sacar lo mejor de ellos mismos y salir adelante limpia, decente y honestamente. ¿Y qué mejor valor que la honestidad y la decencia en estos tiempos que corren? Yo los aplaudo.

Me recuerdan al querido Chapulín Colorado, aquel personaje de mi infancia que sin ningún superpoder y con su miedo y vulnerabilidad como bandera, llegaba a superar todas sus dificultades y las de aquellos que lo necesitaban. Pues así son ellos, pero sin capa, ni uniforme, ni chipote chillón.

Los venezolanos que inspiran en el mundo no son solo los jefes y fundadores de compañías exitosas, los artistas célebres, los deportistas premiados o los CEO de grandes corporaciones. Si, ellos son exitosos, nadie lo duda y esto lo celebramos continuamente. Ya tendremos tiempo de escribir sobre ellos. Pero estos muchachos jovencitos, estos superhéroes cotidianos, son tan inspiradores o más que los anteriores, porque sus acciones impactarán no solo a sus familias, sino a las comunidades donde se han insertado, obsequiando sus ganas y fuerzas para construir y reconstruir no solo sus vidas, sino los países y ciudades donde se han plantado.

¡Adelante muchachos, no desmayen, que el mundo los está observando y aprendiendo con ustedes! Lograrán sus objetivos, pues ya está sucediendo. Dios los ampare y los cuide.

Por Gabriela López Mijares

Twitter: @gabrielalopezm