La Educación Especial y la Música

El término Necesidades Educativas Especiales ha sido el de mayor impacto en la evolución de la Educación Especial, tiene su origen en el informe Warnock (1978) e integra tanto las características particulares del sujeto que las posee, como los materiales y recursos que pueda necesitar para el logro de los fines educativos. La Dirección de Educación Especial en Venezuela, instancia nacional rectora del diseño y la supervisión de la Conceptualización y Política de Educación Especial (2017), asume la educación especial como parte de la ciencia de la educación. Es el ente
responsable de la definición y supervisión de esta Política Educativa en Venezuela, se encarga de establecer la articulación con los diferentes sectores y organismos a fin de garantizar la atención educativa integral a la población con discapacidad.

Es importante hacer referencia a la Organización Mundial de la Salud, que define la discapacidad como “un término general que abarca las deficiencias, limitaciones y las restricciones de participación”. Estas limitaciones o deficiencias pueden ser cognitivas, físicas, visuales, auditivas entre otras; las cuales producen cambios significativos en el funcionamiento del individuo con respecto a la sociedad donde vive.

En este sentido, Egea y Sarabia (2001) expresan:
Puesto que la experiencia de la discapacidad es única para cada individuo, no sólo porque la manifestación concreta de la enfermedad, desorden o lesión es única, sino porque esa condición de salud estará influida por una compleja combinación de factores (desde las diferencias personales de experiencias, antecedentes y bases emocionales, construcciones psicológicas e intelectuales, hasta el contexto físico, social y cultural en el que la persona vive), ello da pie para sugerir la imposibilidad de crear un lenguaje transcultural común para las
tres dimensiones de la discapacidad.

La discapacidad por tanto, es una condición compleja que presenta el individuo y va más allá de las limitaciones que presenta. Las alteraciones que la discapacidad produce en el entorno social son de gran impacto para el desarrollo individual de la persona que presenta esta condición, por lo cual esta población debe crear esquemas funcionales para poder integrarse y convivir con el resto de las personas que conforman su grupo social.

En relación a esto Egea y Sarabia (2001) destaca la importancia de reconocer a la persona con discapacidad como un individuo activo dentro de un grupo social y no como un individuo ajeno a la sociedad por sus limitaciones:
“La discapacidad y su construcción social varían de una sociedad a otra y de una a otra época y va evolucionando con el tiempo…”

En Venezuela y el mundo a lo largo de los años, las personas con discapacidad han sido víctimas de distintas denominaciones peyorativas, tales como impedidos, lisiados, inválidos, minusválidos, enfermos, calificativos discriminantes que resultan en una baja autoestima para estos individuos.

De acuerdo con Aramayo (2003) el modelo médico concibe la discapacidad como un problema personal causado por una enfermedad, trauma o condición de salud, que requiere de cuidados médicos en forma de tratamiento individual por profesionales. Mientras que el modelo social, considera la discapacidad como un complicado conjunto de condiciones, un problema social desde el punto de vista de la integración de las personas con discapacidad en la sociedad.

En Venezuela, la Ley para Personas con Discapacidad (2007), derogó la Ley para la Integración de Personas Incapacitadas (1993), promueve el desarrollo integral de esta población con el apoyo de todos los sectores de
la sociedad: la familia, los organismos públicos nacionales, estatales y municipales y los entes privados.

En este sentido, el nuevo texto legal expresa en su artículo Nº5: “se entiende por discapacidad la condición compleja del ser humano constituida por factores biopsicosociales, que evidencia una disminución o supresión temporal o permanente de alguna de sus capacidades sensoriales, motrices o intelectuales” (Ley para Personas con Discapacidad Año 2007).

El Estado Venezolano reestructura la Conceptualización y Política de la Educación Especial (2017), en función de mejorar la calidad
educativa de la población con necesidades especiales o con discapacidad decreta resolución Nº 035 (2017), en la cual establece la inclusión e integración de personas con necesidades educativas especiales o con discapacidad en las instituciones educativas del sistema regular además de las instituciones de modalidad especial.

A partir de esta reforma desarrolla un modelo de atención educativa con el propósito de asegurar la igualdad de condiciones y la inclusión en el aula regular mediante la modalidad de aulas integradas. Además se constituyen las unidades psicoeducativas (UPE), y otras unidades conformadas por equipos multidisciplinarios de docentes, especialistas,
psicólogos y trabajadores sociales, los cuales realizan adaptaciones curriculares en función de destacar las potencialidades de los niños y
jóvenes según el nivel de atención educativa que requiera.

Para favorecer la integración de estos niñas (os) y jóvenes, la música es un gran recurso pedagógico para los docentes y psicopedagogos, son prueba de ello investigaciones como Música y educación especial, Boltrino (2004); La educación musical del niño con necesidades educativas especiales, Epelde y Rodríguez (2010), La música como recurso didáctico para favorecer un aprendizaje integral y significativo, Requejo (2017) y Efectos de la música en las funciones Cognitivas, Nilton (2017), Estimulación Rítmica y Auditiva, en pacientes con lesión Cerebral traumática realizada en la Universidad de Colorado.

Por medio de la actividad musical, los niños y jóvenes con discapacidad desarrollan y potencian sus habilidades motrices que le permiten conocer su propio cuerpo y descubrir todo lo que pueden hacer a través del
movimiento, como por ejemplo el conocimiento de la lateralidad, la expresión gestual, coordinación motora/visual, control corporal para tocar instrumentos.

En relación al lenguaje y el canto, refuerza capacidades en el uso de la voz, dicción y entonación así como también incluye nuevas palabras en su vocabulario. Con respecto al desarrollo cognitivo, la música fortalece
procesos como la memoria, el razonamiento, la creatividad, la atención y la concentración, por otra parte, desde un enfoque colectivo y social aprende a comunicarse con claridad, aceptar normas, comprender a los
demás y así mismo.

La música como lenguaje artístico, aborda dimensiones amplias situándola en un papel relevante en relación con otras áreas de conocimiento y del arte. Esta peculiaridad ha hecho posible el desarrollo de actividades musicales con fines didácticos, orientadoras en lo afectivo, terapéutica y recreativa en centros educativos destinados a la educación especial.

Las actividades musicales se convierten en un ámbito para la libre expresión y el desarrollo creativo, el docente por su parte, se transforma en sujeto mediador para el aprendizaje musical con las que el estudiante se vincula cotidianamente (audiopercepción, ejecución instrumental, canto).

Así, la posibilidad de crecimiento mediante la práctica colectiva de la música y la expresión artística que se produce, da como resultado avances significativos en el desarrollo integral de los niños y jóvenes.
Estas prácticas se constituyen en uno de los recursos más valiosos para el formador musical, tanto en la escuela formal (en aulas regulares o especiales), o en otros espacios como El Sistema, logrando integrar la cultura, la familia y la sociedad.

Otra forma de creación musical es aquella que orienta sus objetivos al fortalecimiento de las habilidades cognitivas o físicas del participante; en este sentido es frecuente que se planteen estrategias pedagógicas musicales para favorecer el desarrollo de otras áreas más comprometidas del individuo, como el lenguaje, la psicomotricidad y la socialización.

De manera que en torno a las dificultades del lenguaje, el canto promoverá mediante la ejercitación la articulación de palabras, vocabulario, fonemas y otras especificaciones. Esta intención de estructurar el aprendizaje musical de la persona con discapacidad enfoca el trabajo artístico musical hacia la función terapéutica.

Dentro del esquema de atención, el formador musical desarrolla estrategias de acuerdo a las potencialidades del estudiante, no se debe insistir en las áreas de compromiso del participante ya que esto ocasiona frustración y ansiedadfomentando el rechazo de la actividad musical.

Fuente: Lourdes Antón/Revista El Sistema

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