—¿Cómo amaneciste, comay Luisa?
—Ay mi comay Petra, le digo que anoche pasé una muy mala noche. Me vine quedando dormida ya cuando los gallos y las guacharacas comenzaban sus escandalosos cantos.
—¿Por qué pasó mala noche?
—Ay mija, me acosté con una hincada aquí cerca de la cadera y esa hincada me llevó allí toda la noche.
—¿Y no tenía mentol chino para que echara dónde tenía el dolor?
— Si mujer, me puse mentol chino, pero nada. Esa hincada estuvo ahí como como un tizón prendido.
«Hincada», se le decía a ese dolor agudo que las personas sentían en alguna parte del cuerpo. Puede también entenderse hoy como punzada.
Por:
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